• Ana Sancer


El hombre debe aceptar la responsabilidad para consigo mismo y también el he­cho de que solamente usando sus propios poderes pue­de dar significado a su vida. Erich Fromm

Vivimos en una sociedad en que muchas de las cosas que pensamos y sentimos vienen marcadas por infinidad de factores externos, como son la educación, la ideología familiar, la sociedad, nuestra edad, si somos hombre o mujer, y un largo etc.

A veces, llega un momento de la vida en que sentimos que algunas de las cosas que vivimos o las decisiones que hemos tomado (y seguimos tomando) no las reconocemos como propias. O sentimos sencillamente que vivimos dentro de partes de una rutina que no nos hace sentir bien y no elegiríamos ahora.


Como sabemos el ser humano es un ser social, desde su nacimiento, momento en que su vida claramente depende de la relación con el exterior, hasta el final de sus días, en los que también puede aparecer una gran dependencia. En medio de estos dos escenarios el sujeto crece y se desarrolla hasta llegar a un supuesto estado de madurez. Podríamos decir que ese estado es aquél en el que se debe hacer responsable absoluto de su vida, y que desafiando el tiempo también se habrá de responsabilizar de lo vivido en el pasado para pasar así a ser dueño también de su futuro.


Para ello será necesario un trabajo, al que podemos llamar autoresponsable, en el que ir limpiando y vaciándose de capas para dejar el espacio en el que emerja lo que en realidad somos.


Este trabajo supondrá el primer paso para hacernos dueños de nuestra vida, de las buenas y de las malas decisiones, así como será un proceso en que adueñarnos también de lo que hacemos con todo lo que han hecho con nosotros. Salir de la posición de queja y actuar será el camino hacia la madurez que te de la fuerza para escoger la vida que quieres tener.

Esto no será posible sin una gran dosis de coraje, pero ¿tienes algo mejor que hacer que ocuparte de ti mismo?